miércoles, febrero 11, 2015

A mí me viene la Vodafone una vez al mes

Esta mañana, inmerso en mi mundo de encefalograma plano habitual al coger el metro por la mañana para ir al trabajo, escuché la conversación de una chica y un chico que estaban justo detrás de mí. Dicha conversación fue motivada por la malhadada coletilla "Vodafone" que la chica de megafonía coloca delante de todo lo que tiene que ver con la vieja y querida línea 2 del Metro de Madrid, roja ella, a saber, "...correspondencia con línea 2 VODAFONE". Ahí, pegado con chicle. Yo a fuerza de escucharlo ya ni le hago caso pero se conoce que a éstos dos jóvenes que comentaba aún no debían estar vacunados, les entró la risa y comenzaron a bromear al respecto con frases bastante ingeniosas:

-"Claro, ahora todo lo rojo es Vodafone."
-"¿Sí? Pues yo tengo varios amigos que son Vodafone."
- "Anda, y el coche de mi padre también es Vodafone."
- "Mola. Y algunos de esos amigos incluso son Vodafone de verdad."
- "A mí me viene la Vodafone una vez al mes."

Aunque me hicieron gracia los chicos no pude evitar pensar que lo han conseguido: los hijos de mala madre de VF han conseguido que integremos como algo normal el horror que supone la superposición del nombre de su empresa a algo tan público y tan madrileño como la Puerta del Sol o la mencionada línea 2 de Metro. Qué lástima.

Aunque la pugna de lo Público vs. lo Privado no es nueva no puedo evitar ver que éste no deja de invadir parcelas de aquel. Lentamente, inexorablemente, como la marea va invadiendo la playa cuando sube. Y a nuestra espalda un acantilado impracticable ¡Ay de aquellos que no tengan escafandra!

Ahora que cada palo aguante su vela.

domingo, febrero 01, 2015

¿Título? ¿Para qué?

-A veces lloro sin querer...
-Como yo, Calabazas, como yo.

Una y veintidos minutos de la tarde. Más de diez cervezas en la bolsa de reciclaje. Este monitor nuevo en esta mesa nueva vibra cuando tecleo. Antes no pasaba. No debería pasar. Y no soy yo.
Ahora que la nube de inspiración se desvanece esto no parece tan buena idea. A fin de cuentas... ¿quién va leer estas lineas en este olvidado lugar de este universo en crecimiento constante y exponencial? Tal vez yo, o tal vez otros.

A lo que iba. Los ladrones van a la oficina es una gran serie porque tiene a los mejores. Y quien no vea esto lo lamento profundamente por él o por ella. ¿Caspa? Sí, desde luego. ¿Y qué no está nevado en este país? Hemos abrazado lo extranjero con las mismas garras con que el converso agarra su nueva fe. Ahora tecleo sin más filtro que el intentar mantener una ortografía mínima. Por yo qué sé por qué razón escribo esto en un notepad en vez de en un Word, que me señalaría las correcciones automáticamente. Vete a saber las razones. ¿Romanticismo? Puede. Siempre he sido un romántico para lo bueno y para lo malo. El caso es que encuentro el notepad refrescante y sereno, blanco y sencillo. No hace nada sin que yo se lo diga. De hecho no hace nada, sólo espera mis instrucciones. Echo de menos aquella informática. A lo mejor dentro de 20 años echaré de menos ésta de ahora. A lo mejor en 20 años sigo escribiendo aquí y lo puedo contar. A lo mejor dentro de 20 años he conseguido despìezar todos los retales de conocimiento que me llegan para llegar a hacer un destilado, un elixir de sabiduría.

A veces creo que la sabiduría es una carga. En serio. A veces, en ciertos momentos de lucidez... el momento ha pasado. Es una pena. El pensamiento era bueno, creo. Pero lo he olvidado. ¡Ah sí! La sabiduría es la consciencia de saber que el conocimiento es inútil si lo amontonas solamente, igual que el grano de cebada es inútil almacenado es un silo. Hay que fabricar algo con ello. Cerveza a ser posible. Mucha. Me encanta la cerveza. Te contaré, si llevo 11 latas desde las siete de la mañana... Ahora estoy pensando que a lo mejor el pensamiento no era tan bueno. Pero puede serlo si hago algo con ello.

Este es el blog de la debilidad. Los seres humanos escribimos cuando no podemos hacer, cuando no podemos actuar. Somos seres de actos, de realidades. Las palabras no sirven, como decía Alberti, heridas de muerte ante el vendaval de la vida, ante su grandeza y su miseria. Y yo escibo cuando me siento debil, vulnerable. Pero no tanto como para mostrar la yugular, no... no tanto. Me pongo panza arriba en este blog, pero guardo mi cuello. Mi cuello sólo lo muestro a mi amor, a mi chica, a mi dama.

Una y cincuenta minutos. Ahora debería hablar de mi dama, de mi amor, pero no lo haré. No me salen las palabras y éstas no le harían justicia, ni a mí tampoco. Estoy panza arriba, y sea una opinión afilada o una caricia en el lomo tendrán el mismo efecto. No me puedo creer lo lento que soy escribiendo, media hora para esta media página apenas de pensamientos, de esperanzas.

Estoy de vuelta en mi cueva. Hola a todos y a todas.

lunes, septiembre 30, 2013

Chantaje emocional

Hoy quiero hablar del chantaje emocional, y de esas veces donde lo usamos casi sin darnos cuenta.

Vaya por delante que hay pocas cosas que odie más que el chantaje emocional. Muy pocas. Lo políticos de este país por ejemplo, pero no muchas más. Esa clase de chantaje implica utilizar la culpabilidad en un tercero como medio para obtener un fin, implantando esa culpabilidad o potenciando la ya existente.

La culpa es una poderosa brújula para el comportamiento, una motivación de las más potentes que existen. Sólo el miedo compite con ella a la hora de empujar al ser humano a realizar una acción.

Pero hay dos grandes diferencias entre ambos sentimientos. El primero es que la culpa es algo propio de los humanos, capaces de analizar sus propias acciones y de juzgarlas, mientras que el miedo lo compartimos con el resto de mamíferos, y también con otras familias.
La otra gran diferencia entre ambos es su cualidad: el miedo es constructivo y la culpa destructiva. Voy a detenerme aquí para verlo más en detalle:

El miedo surje del instinto de supervivencia, lo cual le dota de un cierto aspecto constructivo, que no es otro que acometer las acciones necesarias para garantizar la seguridad de poder seguir respirando.

La culpa surje de un juicio y de la asunción de un error como propio unidos a cierta actitud mental vulnerable. Es con esta actitud cuando la suma entre la asunción del error, más la consciencia de que los actos pasados no se pueden cambiar, genera, por un lado tristeza por la visión del error cometido, y por el otro frustración porque ya no se puede hacer nada para enmendar dicho error: no hay solución, ni esperanza.
En la culpa se pueden ocultar también otras cosas tales como la necesidad de autoflagelarse o el autoengaño, pero en general todos sus componentes tiene en común una cosa: son autodestructivos. La culpa es autodestructiva, siempre.

Hago un inciso aquí para señalar que es perfectamente posible asumir un error sin dejar que la culpa se haga con el control. La asunción del error es algo positivo mientras que la culpa no es sino un constructo cuyos pilares son esos sentimientos negativos.

Bien. Llegados a este punto resulta sencillo de entender que no hay mejor manera de doblegar la voluntad de una persona que inundarla de sentimientos de culpabilidad. Alguien experto en manipular de esta manera puede reducir, con tiempo, a alguien a una mera sombra de sí mismo, a una cáscara vacía de todo salvo de tristeza. Con esa actitud no hace falta poner trabas a la persona pues es ella misma la que lo hace, y de una manera mucho más eficaz. La voluntad queda aplastada por el peso del recuerdo de los errores cometidos y ese mismo peso ahoga cualquier atisbo de posible recuperación y de mejora.

La culpa mata. Literalmente.
Hay que apartarla, desterrarla.

Insisto de nuevo, desterrar la culpa no implica desterrar la responsabilidad por los propios errores, sino colocar esa responsabilidad en el rol que le corresponde: el de lección para aprender de ella.
Hay pocas cosas más sanadoras que este ejercicio de replantearse los errores y de ponerlos en un lugar adecuado. Pero sigamos donde estaba.

Volviendo al chantaje emocional, éste forma parte de los numerosos mecanismos de defensa que tenemos en un entorno social. No quiero tanto defenderlo como señalar que hay situaciones, especialmente en discusiones de pareja, donde el chantaje emocional es una herramienta cotidiana a la hora ganar una posición dominante sobre el otro. Es algo lógico pues hay pocas situaciones donde las personas estemos más vulnerables que en una discusión con nuestr@ compañer@ de vida. A esto hay que añadir otro elemento distorsionador: uno puede despertar sentimientos de culpa en el otro sin que haya intención de hacerlo. Y, tanto si el otro se da cuenta (en cuyo caso se enfadará por el intento de manipulación), como si no (en cuyo caso se quedará con la culpa como un peso adicional) el daño estará hecho. En el primer caso la otra persona identificará un intento de chantaje emocional. En el segundo la otra persona se sentirá triste y frustrada.

¿Y qué situaciones pueden dar lugar a este malentendido tan peligroso? Habitualmente las discusiones o conversaciones donde los sentimientos se explican como motivadores de las acciones.

Veamos el siguiente ejemplo: "No lo hice para evitar una discusión contigo".
En esa sentencia se está poniendo al interlocutor como responsable de una acción ajena, de la cual posiblemente no tuviera siquiera conocimiento. Se cumple tanto la condición de mostrar el error ("mi pareja considera que discutimos inutilmente") como la de la incapacidad de solucionarlo.

Vamos con otro: "Como quieras. A partir de ahora me quedaré callad@"
En esta sentencia se violenta al interlocutor presentándole como motivo de una acción represiva contra uno mismo. Se cumple la condición de presentar esto como un error propio, unida al hecho de la impotencia ante un curso de acción ajeno.

Estos dos ejemplos anteriores son frases que, de seguro, todos hemos oído o dicho en algún momento. Y es que no es sencillo tener una conversación con sentimientos involucrados, tanto más cuando muchas veces no se tiene una idea clara de la naturaleza de los mismos. Pero es precisamente en este pantanoso terreno donde es más necesaria la prudencia y la atención al discurso, tanto a lo que se dice como al cómo se dice. De otra manera el peligro de caer en el chantaje emocional será máximo. Y de esa puerta nunca sale nada bueno.

Si el miedo es como un bisturí, el chantaje emocional es una muerte lenta por asfixia.
Ahora, que cada palo aguante su vela.

Un saludo.

miércoles, septiembre 25, 2013

Entrada cumpleañera

Revivo momentaneamente a este querido zombie. Por costumbre, imagino, más que por necesidad o ganas.

Estas dos noches pasadas he estado revisando algunas entradas de este blog, el cual tiene ya más de una década de existencia. Hay de todo, pero en general las entradas casi siempre buscan, o buscaban, dar salida de una manera u otra al malestar, dolor o inquietud que tuviera en ese momento.

El tiempo ha pasado y he cambiado mis dolores e inquietudes por otros distintos. Ahora este espacio está desierto. Ya no es un reflejo de ellos, ni una puerta abierta para mis conocidos y amigos.

Tal vez eso sea la muerte, el reconocimiento de cuándo algo ha dejado de servir a su propósito, y entonces se deja llevar, desaparece, se olvida. Siguiendo esta idea, dejando a un lado cuestiones biológicas evidentes, hay personas muertas hace siglos que están más vivas que nunca, y hay personas vivientes que hace años que murieron. Igual pasa con las relaciones, las obras de arte, las palabras, en general a todas las obras humanas. La muerte sólo llega cuando llega el olvido.

"Cuando yo no exita, tú jamás habrás existido".
Conan el Bárbaro es una película con una música impresionante y los diálogos justos y necesarios.

Yo me resisto a olvidar este blog, a dejarlo morirse en paz, a que lo que contiene se disuelva en ese océano de información donde moramos en la actualidad. Lo mantengo en coma, por si alguna vez necesito volver a él.

Ayer cumplí 34 años y hoy tengo el siguiente pensamiento: mirar más lejos sólo me sirve para ver más niebla.

Hasta luego.

martes, octubre 02, 2012

Nueva kettlebell. Vamos a lo serio

Aviso: Post para iniciados.

El otro día, y tras algunos avatares con la empresa de mensajería que tenía que traerla, finalmente llegó mi nueva kettlebell BodySolid de 24 kilos. Aquí tenéis una instantánea suya junto a su hermana pequeña, también de BodySolid, de 16.

Dos bolas de hierro. Literalmente.

Así a primera vista parecen similares, pero la diferencia de calidad entre ambas es más evidente cuando uno empieza a trabajar con ellas. Parece que la gente de BodySolid decide dar un salto de calidad a mejor cuando uno demuestra que se quiere dedicar un poco en serio al tema de las pesas rusas. Un detalle de esto, pequeño pero significativo, es que la de 24 tiene el relieve del peso pintado en plata, mientras que su hermana menor se tiene que conformar con tenerlo en el mismo color negro que el resto de la pesa.

El acabado de la de 24 también mejora con respecto al de la de 16, pues mientras que ésta tiene una simple capa de pintura que ni siquiera tapa las imperfecciones del hierro (demasiadas), aquella tiene un acabado uniforme en pintura mate antideslizante. Para quien nunca haya hecho algo de kettlebell diré que esto es la diferencia entre la vida y la muerte de la piel de las manos.

Hablando de comodidad diré que ambas van a la par. El equilibrio de ambas es correcto. El hecho de ser tipo cast iron macizas ayuda y facilita el movimiento de penduleo, especialmente a la hora de hacer snatch. El único handicap que tiene la pequeña de 16 es que al no contar con capa antideslizante resulta incómoda a la hora de hacer cierto tipo de ejercicios en los que se debe sujetar la pesa por la base redonda (russian twist o triple crunch), pues tiende a resbalar.

En lo que respecta a la dificultad al pasar de una a otra puedo decir que no he notado diferencia alguna. Probablemente se deba a que, entre ambos modelos, la diferencia del tamaño de la pesa en sí no es tan grande como podría pensarse. Ello es debido a que el asa, como se puede ver en la imagen, (a diferencia de las kettlebells de competición, donde tamaño y forma son los mismos independiente del peso) es sensiblemente mayor en la de 24, lo que hace que tenga un perfil bastante similar a una de 16, aunque ligeramente más grande. Al respecto del asa puedo decir que me he enamorado de ella pues, por muy grandes que uno tenga las manos, puedo asegurar que ambas caben de sobra en agarre doble al hacer swings por ejemplo. Muy cómoda. El grosor del asa me preocupaba en un principio pero tras probarlo no me ha resultado incómodo en ningún momento, ni siquiera haciendo halo, lo que es de agradecer.

En conjunto he de decir que estoy muy contento con la compra (72€ IVA inc) pues los problemas que presentaba la de 16 se han solucionado en su hermana mayor. Me alegro horrores porque llegué a plantearme el pillarme una de competición y que me la trajesen desde Alemania. Finalmente me decidí por seguir el camino clásico por una cuestión de gusto personal, pues ambas variantes, clásica y de competición, pueden dar buenos resultados.

El caso es que después de mucho leer acerca de las diferencias entre unas y otras he ido sacando en claro unas cuantas ideas que pueden ayudar a alguien que tenga una disyuntiva similar:

  • La principal diferencia entre la clásica cast iron y la de competición (tipo hollow steel), aparte del material, está en que la de competición, sin importar el peso, no cambia de tamaño ni forma. En cambio la de hierro macizo tiene que hacerse más grande para alcanzar el peso deseado. Esto implica que las de competición ofrecen mayor facilidad para pasar de un peso al superior puesto que no hay que variar la técnica, algo que sí hay que hacer en el caso de las clásicas, y que representa una pequeña dificultad añadida.
  • En el caso de las de competición el cuerpo es de acero hueco con un peso variable en la parte inferior de la pesa, lo que ayuda además a equilibrar la kettlebell en el press y el snatch, pilares básicos de la competición profesional. Hay que tener en cuenta que este tipo de pesa se ha diseñado pensando en esos dos ejercicios, así que la comodidad en ellos es máxima tanto para la muñeca y antebrazo como para el hombro. Abajo se puede ver una kettlebell de competición.

Kettlebell de competición de 28 Kgs.
  • A la hora de hacer ciertos tipos de ejercicio en los que entra en juego la flexibilidad y/o el agarre doble debe ser cómodo, la pesa clásica puede ser más efectiva puesto que el asa de ésta suele ser más amplia que la de competición. Esto hace que el rango de ejercicios, a pesar de que se pueden hacer todos con ambos tipos, sea más amplio con la clásica, lo que la convierte en la opción más versátil.
  • Las kettlebells de competición suelen ser más caras que las clásicas por lo que recomendaría que, en caso de querer una de aquellas, se buscase la oportunidad de probarlas en un gimnasio adecuado, postergando la opción de comprarla hasta haber probado si realmente merece la pena tenerla en casa.

En resumen, si alguien desea meterse de lleno en la competición del kettlebell lifting lo suyo es que opte por una pesa de competición, mientras que si alguien desea utilizar estas rutinas en su casa para ganar buen tono general y perseguir sus objetivos de fuerza y resistencia, la clásica cast-iron es la opción más adecuada y asequible.

lunes, octubre 01, 2012

Una poderosa razón

¿Por qué es bueno que Intereconomía exista?

Le hicieron una entrevista a Javier Sardá en el Intermedio hace unos días. Cuando la entrevistadora le preguntó que qué cadenas veía él respondió que La Sexta e Intereconomía. Ante la extrañeza de la chica, Sardá explicó las razones, las cuales venían a ser las siguientes:

Veía La Sexta porque se reía y por simpatizar hasta cierto punto con el ideario de la misma.
Veía Intereconomía porque, decía, cuando uno se imagina a un facha... no a un señor de derechas, a un facha, realmente se lo representa mucho menos facha de lo que en realidad es. En Intereconomía se presentan tal y como son, sin máscaras, sin maquillaje. Y hacen falta dos huevos para ser un facha de los de verdad.

Me encantó. En esta época de cortinas de humo, de enemigos intangibles, de fantasmas y dobles morales, es bueno y hasta cierto punto reconfortante saber que hay un sitio donde el opuesto ideológico se presenta tal cual, orgulloso de ser como es y encantado de haberse conocido.

Es bueno recordar que no se han ido.